Xacobeo 2010

Lesiones del Peregrino del Camino de Santiago

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Las lesiones más habituales o comunes, del peregrino en el Camino de Santiago, son las que afectan a las articulaciones (esguinces, artritis traumáticas), y las que afectan a los pies (rozaduras y ampollas).

ESGUINCES

Se llama así a la lesión producida en una articulación por elongación o rotura de sus ligamentos.

En el tema que nos ocupa el esguince más frecuente suele ocurrir a nivel del tobillo y se produce cuando el tobillo se nos tuerce (generalmente con el pie hacia dentro) por un mal apoyo del pie en el suelo.

Cuando esto ocurre sentimos un fuerte dolor en la parte externa del tobillo. Los esguinces de tobillo suelen producirse cuando transitamos por terreno irregular, sobre todo en bajada.

Si vamos muy cargados el sobrepeso va a influir negativamente sobre el ligamento, llegando incluso a provocar su rotura, lo que agravaría enormemente la lesión.

Podemos evitar los esguinces de tobillo si utilizamos botas que nos sujeten el tobillo suficientemente y, por supuesto, cargando el menor peso posible.

    Una vez producido el esguince, si no hay rotura del ligamento, la aplicación de hielo sobre la parte dolorida y un día o dos de reposo suelen ser suficientes.

También puede ayudar el tomar algún antiinflamatorio (Neobrufen, Quiralam, etc). Un esguince tipo II (con rotura parcial o total del ligamento) nos echa del Camino y nos manda a casa sin remedio.

ARTRITIS TRAUMÁTICA

Lesiones articulares producidas, en nuestro caso, por sobrecarga.

Los traumatismos que se producen sobre la articulación producen, al final, una zona dolorosa limitada a la articulación, que puede obligar a interrumpir la actividad.

Lo más frecuente es que se produzcan en las rodillas tras descensos prolongados. Contribuyen a la aparición de estas lesiones las etapas excesivamente largas, los descensos prolongados y el cargar una mochila excesivamente pesada.

Podemos tratar de evitar la aparición de la artritis traumática programando etapas no excesivamente largas y limitando al máximo el peso que carguemos en la mochila.

Una vez producida la lesión, tratarla con antiinflamatorios (Neobrufén, Quiralam) y frio local. Este tipo de lesiones, si no somos muy brutos y las cuidamos un poco, no deben representar un gran problema, aunque sí nos harán algo más penosa la marcha.

TENDINITIS

Se refiere a la inflamación de un tendón en cualquier parte de su recorrido. La que nos suele afectar a los peregrinos es la tendinitis del tendón de Aquiles.

Esta lesión se caracteriza por la aparición de un dolor en la parte posterior del talón, que suele aparecer por las mañanas, al dar los primeros pasos, que desaparece total o parcialmente con la marcha y que vuelve con mayor intensidad durante y después de la actividad física, y que se va haciendo cada vez más intenso.

El dolor se va haciendo cada vez más duradero, incluso permanente, hasta impedir la actividad física. Hay varias causas, pero las que nos interesan a los peregrinos son:

La diferencia de altura del tacón (sobre todo en mujeres acostumbradas a usar zapatos de tacón.

El cambio a un calzado de suela lisa obliga a una elongación a la que el tendón no está habituado).

El uso de calzado con talonera excesivamente blanda, la marcha por terrenos cuesta arriba provoca igualmente un estiramiento excesivo del tendón forzando los límites de su elasticidad.

Por último, la presión directa del calzado sobre el tendón, provocado por botas de caña alta excesivamente apretadas a nivel del tobillo.

La tendinitis del Aquiles podemos prevenirla fundamentalmente con la elección correcta del calzado. Debemos usar botas de suela dura, sin amortiguación blanda del talón, y fijándonos en que lleven un rebaje de la caña en la parte posterior.

Casi todas las buenas botas en la actualidad, llevan rebajada la caña en la parte posterior del tobillo, precisamente para evitar la tendinitis del tendón de Aquiles.

También, sobre todo las mujeres acostumbradas a usar zapatos de tacón, deberían realizar ejercicios de estiramiento del tendón de Aquiles en intensidad progresiva, unas semanas antes de comenzar a caminar con las botas que vayan a usar en el Camino.

Si, a pesar de todo, se produce la lesión, antiinflamatorios y hielo local. Lo mas importante es llevar un buen calzado.

ROZADURAS

son llagas o heridas producidas en los pies por usar calzado demasiado apretado o justo. No suelen representar un problema serio, aunque suelen ser dolorosas.

El calzado demasiado ajustado también puede producir molestias a nivel de las uñas (las famosas "uñas negras"), que serán causa, al final de la pérdida de la uña.

La prevención de estas lesiones se limita a la correcta elección del calzado, desechando aquél que nos quede demasiado apretado.

Mucha atención también al cuidado de las uñas, manteniéndolas siempre cortas. No debemos de olvidar incluir un buen corta-uñas entre nuestros enseres de aseo.

Las heridas producidas por rozadura únicamente requieren una higiene cuidadosa para evitar su infección: limpieza con Betadine y protección con tiritas o, mejor aún, con Tulgrasum cicatrizante.

Y por supuesto, desechar ese calzado que ahora descubrimos (¡a buenas horas!) que nos queda pequeño.

AMPOLLAS

Inevitables, odiosas ampollas. Generalmente acompañan al peregrino desde el segundo día de caminata o incluso desde el primero. Representan la lesión "peregrina" más frecuente y la que más disgustos nos suele dar.

Veamos cual es el mecanismo de producción de la ampolla: cuando vamos caminando el calzado no ajusta exactamente igual en todas las zonas del pie.

Hay zonas en la el pie "baila" ligeramente con cada paso.

Esto no lo notamos inmediatamente, por lo que comenzamos a caminar tranquilamente hasta que empezamos a notar que, en algún punto del pie vamos sintiendo una leve molesta a la que no hacemos caso en ese momento. Se está empezando a formar una ampolla.

La ampolla consiste en una acumulación de líquido entre la epidermis y la dermis como consecuencia del deslizamiento de la capa superficial de la piel sobre la profunda.

Ese deslizamiento repetido cientos de veces provoca una inflamación localizada que es la causante de la acumulación de líquido que caracteriza a la ampolla.

 

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